5 jul. 2012

Un proyecto que va de abajo hacia arriba



Enterado de la experiencia que desarrollan, el sitio unoytres habló con dos destacados referentes de la Subcomisión del Hincha de San Lorenzo.


Antes de entrar en materia y para aclarar equívocos, les preguntamos que los diferencia de otras con nombre parecido, detrás de las que se cobijan grupos de choque —“barras bravas”—, que usan la pasión futbolera, un fenómeno deportivo y cultural multitudinario, para actuar como herramientas multipropósito al servicio del mejor postor en negocios deleznables.

Entonces, nos aclaran, la expresión subcomisión del hincha es la que a veces confunde. De todos modos, “si buscás en Internet y ponés Subcomisión del Hincha de San Lorenzo, te va a salir: padrinos de escuelas rurales en Catamarca, apoyo escolar a los chicos del barrio, trabajo social y cultural permanente, movimiento por la vuelta a Avda. La Plata con recuperación de identidad y pertenencia y así de seguido”.

Integran la Subcomisión hombres, mujeres y jóvenes de catorce a ochenta años, para quienes el reclamo de volver a Boedo, con ser importante, no es el único objetivo. “La vuelta a Boedo empezó a construirse hace siete años y significa una vuelta moral, reencontrar esa tradición que lo llevó a ser uno de los clubes más importantes de la Argentina, institucionalmente hablando” afirman sin ocultar su innegable fanatismo.

unoytres se dispone a escuchar el relato de esa experiencia después de superar sus propias prevenciones, prejuicios y estereotipos, coincidentes con los que carga un sector nada despreciable de la sociedad, que mete a todos en la misma bolsa delincuencial, fogoneado en buena medida por la gran prensa. Por eso unoytres buscó la entrevista, que en lo esencial pone al alcance de los lectores, con la esperanza de aportar a un cambio de paradigma que trabajosamente se viene abriendo paso.

Mariano y Adolfo son parte del grupo fundador de la subcomisión. Además, Adolfo Res publicó varios libros que cuentan la historia del club y le agregan sólidos fundamentos al reclamo de lo que llaman “Restitución histórica”, es decir, la recuperación del predio de Avenida La Plata como lugar de identidad y pertenencia.

—¿Qué encierra ese planteo?

Adolfo —Te lo resumo con una fórmula: “club atlético versus fútbol club”. Es la disyuntiva con que se enfrenta la mayoría de las instituciones, San Lorenzo incluido, y los desafíos a los que la Subcomisión se atreve. Para nosotros, “club atlético” significa una institución social, cultural y deportiva, de y para la gente, mientras el concepto “fútbol club” sintetiza la noción de negocio. Queremos rescatar los valores que impulsaron la fundación de los clubes durante las primeras décadas del siglo pasado, en los que la gente daba todo para el crecimiento institucional, a cambio de nada, porque no había negocio. Hoy, de aquellos clubes desaparecieron más de cuatrocientos —nos ilustra —y lo que enaltece a los que siguen funcionando es el trabajo de la gente que los sostuvo.
Y siguen enumerando…

“San Lorenzo tenía veinticinco distintas manifestaciones culturales y treinta deportivas. De allí salieron glorias del deporte nacional. Lamentablemente, con la pérdida del espacio físico, pero particularmente debido al cambio paradigmático que sufrió la sociedad, del que San Lorenzo no escapó, se empezó a creer en los papás salvadores. En el año ´78 llegó al club un empresario exitoso. Hoy está de moda Marcelo Tinelli, pero entonces se llamaba Moisés Annán, ligado a los militares porque les vendía ropa para las tropas, y se produce un quiebre en San Lorenzo. Antes, llegar a dirigir un club era casi como hacer una carrera. El dirigente podía ser bueno, regular o malo, pero veía de trabajar para la institución. Empezaba en una subcomisión o comisión cualquiera que después podía llegar a dirigir, al tiempo lo elegían prosecretario, secretario, vocal y así iba adquiriendo experiencia y compromiso hasta que, si ganaba las elecciones, llegaba a presidente. Pero a partir del ´78 y de un plumazo aparecieron los empresarios exitosos, que no sabían nada del club, aliados a la politiquería institucional a la que sólo le interesan sus negocios personales o empresarios. Con ellos se instaló el nuevo paradigma y hoy, después de treinta y cuatro años, siguen actuando de la misma manera.

—Hasta acá se explica el por qué se constituyeron como Subcomisión. Sin embargo no nacieron dentro de la estructura institucional sino como un ente separado. Es algo que cuesta entender.

Mariano —Efectivamente, al principio éramos un grupo de gente del club que nos reuníamos para debatir sobre la situación institucional, pero al crecer y organizarnos logramos el reconocimiento como Subcomisión, en las mismas condiciones que la de vóley, básquet y otras. Incluso, en las últimas elecciones nos presentamos y logramos tener un representante, Claudio De Simone, como vocal de la Comisión Directiva.

Adolfo —La Subcomisión del Hincha nació con la idea de no participar en la política institucional, sino “formar cuadros” que sí pudieran integrarse a esas estructuras. ¿Pero, qué pasó? El club sufrió una espacie de Década Infame. Entonces surgió la idea de hacer una experiencia política. Esto se planteó en 2010. Hacer política en el club, no partidaria. Para eso creamos áreas: prensa, legal, técnica, de cultura, por el retorno a Av. La Plata, biblioteca y otras.

Todos los lunes, menos los de enero, nos reunimos en asamblea popular, algo que ni los partidos políticos hacen. Llueva, truene, caiga nieve o con el tiempo que sea, nosotros nos reunimos en el local de la biblioteca Osvaldo Soriano, que fundamos, y en las que puede participar el que quiera. El primer debate se dio sobre si nos constituíamos como asociación civil o subcomisión del club. Discutimos bastante. Yo, junto a otros cuatro o cinco, propugnábamos lo primero y perdimos por abrumadora mayoría. Esto es una muestra de cómo funcionamos, donde todo se decide en asamblea.

Nuestra primera acción, allá por el 2005, fue tratar de recuperar la biblioteca del club, que había sido fabulosa, con todos los libros encuadernados y forrados en azul y rojo; allí daban clase los mismos profesores de la Universidad de Buenos Aires (UBA), que se brindaban porque simpatizaban con el club. Esa asamblea decide fijar una cuota social de un peso mensual o la donación de un libro. Así llegamos al 25 de mayo de 2006, cuando la inauguramos en la Casa de la Cultura Sanlorencista, que es donde actualmente funciona bajo el nombre de Osvaldo Soriano.
  
El Sanlorencismo

Este año la biblioteca organiza el “Concurso literario Osvaldo Soriano”, de relatos, que otorga valiosos premios. Integran el jurado Jorge Coscia, Secretario de Cultura de la Nación, el autor Ernesto Pierro, la Profesora María Rosa Silva y Adolfo Resnik, Director de la Casa de la Cultura, en el que pueden participar chicos de 4º a 7º grado.

¿Qué diferencia una Casa de la Cultura Sanlorencista de cualquier otra? 

Adolfo —Soberbiamente te puedo decir que si se levantara Borges, un grande de la literatura argentina aunque yo no coincida ideológicamente con él, no podría dirigir esta Casa de la Cultural y yo sí. Fuera de eso, a su lado yo no puedo dirigir ni el tránsito. ¿…por qué se da? Porque hay un sentido de pertenencia, ya que no se trata de que un chico venga y aprenda dibujo, danzas, inglés o cualquier otra disciplina que se dicta en el resto de los cursos, sino que además reciba un mensaje sanlorencista.

—¿De qué trata ese mensaje?
Adolfo —Te voy a dar un ejemplo. Si una familia tiene tres o cuatro nenas que concurren a siete clases de las que se dan en la Casa de la Cultura, y por cada una deben pagar quince pesos, que es lo que cobra el profesor, le aflojamos un poco y paga sólo por cuatro. Esa formación que reciben se la llevan de por vida. Hay gente grande que todavía recuerda los inviernos en que se iba a bañar a San Lorenzo porque en su casa no tenía agua caliente.

—Las actividades que como subcomisión realizan, ¿compiten con las del club?

Mariano —Lo que nosotros queremos es que esas actividades las tome y las institucionalice el club, porque eran las que antes se hacían y se dejaron de hacer al imponerse el modelo actual de San Lorenzo fútbol club, que sólo mira la marcha de ese deporte, pero es opuesto al de la época de la que habla Adolfo. En el debate de los dos modelos, por ejemplo Macri puede mostrar que ganó uno de cada tres campeonatos de fútbol de los últimos en que participó, pero lo que nos diferencia es que nosotros queremos un San Lorenzo social, cultural y deportivo, el modelo que lo hizo el más grande en toda su historia. Adolfo publicó un libro para el centenario de San Lorenzo que tituló “El más grande del deporte argentino”, es decir, exitoso en más disciplinas y no sólo en el fútbol.

—Bueno, pero hay otros que pueden mostrar logros parecidos.

Adolfo —No y no. San Lorenzo es el cuarto en ganar títulos futbolísticos, pero los clubes son “club atlético”. En la década del ´40 San Lorenzo era el Barcelona de hoy. Lideró en atletismo, yudo, lucha, lucha olímpica, ajedrez. Delfo Cabrera salió de San Lorenzo.

Mariano —La idea, independientemente de lo que nos suceda en el fútbol, es retomar ese modelo y que se institucionalicen las actividades que hoy hacemos nosotros.

—¿Se puede lograr?

 Mariano —Sí, absolutamente sí, en esta época se puede. Ahora más que nunca. El modelo que proponemos se impone de abajo hacia arriba. Digo que se impone, porque lo estamos llevando adelante desde hace más de siete años, aún en contra de lo que en general se hace, que es desde arriba hacia abajo. Es decir, que el mismo socio, el mismo hincha, lo imponga como demanda propia.

—Eso significaría un cambio cultural muy profundo.

Mariano —Efectivamente. Por eso decimos que vamos contra la corriente.

Adolfo —Además, el modelo actual choca contra las paredes, no va más porque no se puede gastar diez veces más de lo que ingresa y todo eso acompañado por la corrupción que lo acompaña y los paracaidistas que llegan a los clubes. Carlos Abdo es una persona que conoció San Lorenzo en la década del ´90. La historia del club, con el mensaje incluido, es el que le venimos explicando a los más chicos en las charlas que damos en las escuelas, donde entre siete u ocho compañeros ya hemos visitado unas sesenta.

—En las últimas elecciones ustedes se presentaron por primera vez (a través de Cruzada por San Lorenzo) y obtuvieron un resultado digno

Mariano —… y gastamos menos de veinte mil pesos. Fue la campaña menos onerosa de entre todas las listas que participaron.

—De imponerse lo que propugnan, sería casi una revolución institucional y cultural.

Adolfo —Es cierto. Esto incluye la vuelta a Avenida La Plata. Tras ese objetivo hace poco metimos cien mil personas en la Plaza de Mayo y antes fueron cuarenta mil frente a la Legislatura de la ciudad. Es bueno recordar lo que años atrás nos decían en el mismo San Lorenzo. Ni te imaginás las cosas que nos decían… Cuando en 2010 presentamos el proyecto, muchos revolucionarios de café nos decían que estábamos locos. Incluso sospecho que los legisladores con los que primero hablamos ni imaginaban la dimensión que esto iba a tomar. Pero con movilizaciones y caminando la Legislatura, fuimos ganando pequeñas batallas. Para nosotros es como una militancia


—¿Militancia?

Adolfo —Sí militancia, porque en la Subcomisión no hay empleados ni rentados, nadie saca un peso, al contrario, ponemos y todo se hace con trabajo personal.

A esta altura, las anécdotas personales, con conflictos familiares incluidos, fueron matizando la charla que lo mostró ante unoytres como un apasionado más de la institución en la que se lo reconoce como uno de sus más destacados historiadores. 

El proyecto

 —Hasta aquí me queda clara la concepción institucional y social que impulsan, sin embargo cabe la pregunta ¿tiene sentido la lucha por levantar la Ciudad deportiva desde su actual emplazamiento para trasladarla a Avenida La Plata, con el impacto económico, ambiental y urbanístico que supone?

Adolfo —Sí, tiene sentido, porque de concretarse tendría un impacto muy positivo, ya que el proyecto es social y cultural, no sólo “la cancha”, palabras que usan algunos periodistas de mala fe que hablan de “la cancha” como si, de concretarse, produjera un gran daño. Si fuera por eso, habría que levantar todas las de la ciudad y llevarlas a otro lado, afuera…

—¿Los clubes grandes no tienen sus estadios en sectores marginales? Por ejemplo River está pegado al río

Adolfo —¿… y Velez, Boca, Argentinos Juniors, Independiente…?

—Bueno, son cosas más chicas


Adolfo —Para nosotros volver a Avenida La Plata es un tema de identidad y pertenencia. Es como si a un hincha de Boca se le planteara trasladar la cancha a otro sitio. Es imposible. Además nuestro proyecto incluye no sólo un estadio multipropósito bajo normas FIFA, sino una escuela, un espacio público que el barrio no tiene, un área comercial que murió cuando llego el hipermercado, recuperar la seguridad porque en la zona no se puede circular de noche debido a los afanos. Y si querés, sigo enumerando.

 Una historia de complicidades
 —¿Cómo y por qué perdieron el predio?

Adolfo —Desde 1941 todo era propiedad de San Lorenzo. Sin embargo como Cacciatore (intendente de la última dictadura) tenía un negocio inmobiliario en la cabeza, empezó a presionar.

—Pero el club estaba medio quebrado.

Adolfo —Igual que estaban Boca, Racing y Huracán. El negocio pasaba por hacer un barrio de viviendas sociales y abrir calles. Hasta hay un tango que habla como si ya estuviera construido:
“…caminá las calles // se harán muchas casas // el viejo gasómetro // le dio su lugar…” dice la letra. Entonces en 1979 clausuran la cancha alegando “razones de seguridad”, porque había que cambiar treinta tablones, las mismas razones de seguridad que permitieron seguir funcionando a Quilmes, Chacarita, Ferro, Platense, Argentinos Juniors…

En el ´80 hasta reprimieron a la gente que se movilizó pidiendo la reapertura del club, una noticia que no apareció en ningún medio de la época.

Entonces el coronel Tomás Orobio le manda una misiva al club en la que le “aconseja”, mirá vos, un militar que aconseja, trasladar todo al bajo de Flores porque si no Cacciatore le iba a pasar por encima “con la topadora”, que era el lenguaje de uso habitual. Si bien en ese entonces el presidente de San Lorenzo no era de lo mejor, pero como lo “aconsejaba” el coronel, no era época para hacerse el guapo. Toda esa coacción obligó a San Lorenzo a malvender.

Por eso cuando dijimos que Carrefour fue cómplice de la dictadura —sigue Adolfo —Hubo quien se enojó pero nadie nos mandó siquiera una carta documento exigiendo rectificación. En 1982 desde la central de Carrefour meten presión porque quieren abrir la segunda sucursal en el país (la primera era la de Vicente López). Entonces el predio lo compra el Banco Mariva, del que casualmente ahora Carrefour es el principal accionista, en sociedad con dos empresas fantasmas —Agrovías y Calders —sellos de goma inventados por la dictadura, sin personal, ni declaraciones de impuestos. Este grupo, inmediatamente se lo vende a Carrefour (ver el artículo “Los fantasmas del gasómetro” aparecidos en la revista El Gráfico). Pero hay más, porque acá no termina la cosa, ya que para instalar lo que hoy se llama un hipermercado era necesario cambiar la zonificación del predio y eso lo logran en 1984, en un trámite de apenas dieciocho días que resuelve el primer Concejo Deliberante de la democracia. En relación a esa resolución, uno de los concejales alerta “evitemos que la gente piense que hay subjetividades”. Subjetividades vendría a ser lo que hoy llamamos coimas.

Entre estas maniobras y el traslado a su actual emplazamiento, San Lorenzo perdió quince mil socios —cierra el historiador este segmento de la charla.

 Costos de la recuperación y traslado

A partir de que se conformó la subcomisión, uno de los grupos técnicos lanzó la idea de volver a Avenida La Plata. La idea fue tomando cuerpo hasta que un día apareció un ingeniero con un proyecto para recomprar el predio. Como vivimos una época donde abundan los “vendedores de humo”, la propuesta se escuchó con lógica desconfianza. Al fin se debatió en una de las asambleas y lo que cuajó fue avanzar con un “micro-plan”: ir adquiriendo propiedades que rodearan al supermercado y cedérselas al club con destino a un uso específico. La primera que se compró fue el actual edificio del Centro Cultural Sanlorencista, donde la subcomisión desarrolla gran parte de sus actividades, entre las que figura la biblioteca Osvaldo Soriano.

En 2010 se terminó de elaborar e ingresó a la Legislatura de la ciudad el proyecto de ley que reclama justicia para el club y reparación por los daños sufridos, que a esta altura ya tiene despacho favorable de varias comisiones. Además, el Banco Ciudad tasó la propiedad, lo que le da sustento de factibilidad al sueño del retorno.

En cuanto al costo que implicaría la expropiación del supermercado sería nulo para el erario público de la ciudad y de los contribuyentes, porque lo financiaría “el pueblo sanlorencista” a través de un fideicomiso a constituir en un banco, cuyo fondo se integraría con la compra por parte de los hinchas de una o más parcelas para cedérselas al club. Según informan, en la primera semana hubo 5.500 personas que se comprometieron públicamente a comprar lotes que podrán pagar hasta en treinta y seis cuotas. Sin embargo, como garantía de absoluta seguridad y transparencia, tales compromisos recién se empezarían a efectivizar después de aprobada la ley y todo el manejo de dinero se haría a través del sistema bancario, sin intervenciones individuales, a lo que se agregarían los correspondientes órganos públicos de fiscalización y control.

La Subcomisión del Hincha presentó públicamente el proyecto que se resume más arriba durante una conferencia de prensa, en el Espacio de la Memoria, ex ESMA, acompañados por las Abuelas de Plaza de Mayo y el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel.

Agradecemos a unoytres por la entrevista y la publicación en su sitio

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