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18 ago. 2011

Un derecho ganado

El pueblo azulgrana en el día histórico del 5 de julio



Los ojos de Adolfo, de Daniel, de Jorge, de Marcelo, como los de tantos otros, no aguantaron. Tampoco los de don Miguel, ese viejo curtido de tanto ir a ver a su querido a San Lorenzo a todas partes. Los pibes, Betito, Pablito, esos que a principios del ’83 tenían diez u once años, también sabían que era el final. Nadie pudo detener las lágrimas. El dolor era tan grande como aquellas inmensas tribunas que se recostaban sobre avenida La Plata e Inclán. Los candados dejaron encerrados el primer campeonato del ’33, aquel equipazo del ’46 con Farro, Martino y Pontoni, los goles y gambetas del Nene Sanfilippo, los Carasucias, los Matadores, el bicampeonato del ’72, los zapallazos del Gringo Scotta, miles y miles de gargantas disfónicas de tanto festejo. El Gasómetro, ese palacio del fútbol, cerraba sus puertas para siempre. O mejor dicho le obligaban a poner fin a 67 años de gloria azulgrana.

PRESIONES CON UNIFORME. A fines de los ’70, si bien la situación económica de San Lorenzo no era de las mejores, tampoco estaba fundido como quisieron hacer ver las autoridades dictatoriales que gobernaban la ciudad y algunos medios de comunicación. Es por eso que el despojo del mítico estadio de Boedo quedó siempre encerrado en una nebulosa de dudas e incertidumbre. Y claro, si al frente de esa “apropiación” estaba el brigadier Osvaldo Caciatore, intendente en ese entonces de la Ciudad de Buenos Aires, no era de esperar una operación transparente.


El tema fue que el intendente de la dictadura, alegando que se tenía que hacer una reordenación urbana (apertura de las calles Muñiz y Salcedo) y que se construirían viviendas, dictaría, en el año 1979, una ley con tal fin. La misma, que sería un eslabón más en la marcha hacia la apropiación de esos terrenos por parte del Estado, prohibía expresamente la construcción de supermercados, cosa que finalmente sucedió en esos terrenos que pertenecieron a San Lorenzo. Entonces una sociedad fantasma, constituída pocos días antes de la venta, pagaría al club unos escasos 900 mil dólares. Con el pasar de los años nada se hizo, no se realizó tal reordenación, ni se contruyeron las viviendas prometidas. Hacia 1983, una ordenanza anulaba la prohibición de establecer supermercados en el lugar por lo que esos terrenos se vendieron a Carrefour en 8 millones de dólares.


Esa puñalada al corazón del hincha cuervo fue casi letal. Las cargadas llegaron de los cuatro costados del mundo futbolístico. Que “gambeteás latas de tomates”, que “metés un gol en la góndola de galletitas”. Eso, más el peregrinar por varias canchas para ser local, fue la cruz que cargó el pueblo santo. En el 93 llegó la cancha nueva en el Bajo Flores y el renacer como el Ave Fénix. Pero algo le faltaba al hincha de San Lorenzo.

LA VUELTA EN MARCHA
. Una fría tarde de julio de 1998, un hincha, uno de esos que festejó en los tablones del Gasómetro y que lloró como loco junto a su padre el día fatídico del cierre, en el Café Dante de Boedo al 700 dejó salir a la luz ese sentimiento que llevaba guardado adentro por 15 años: “Volver a Boedo.” Así fue como Adolfo Res comenzó un proceso casi de adoctrinamiento a cuanto hincha del Ciclón se le cruzara: “La vuelta a Boedo (o a Tierra Santa como la llama la Subcomisión del hincha, la promotora de la movida) es posible”, era su lema. “Aquella jornada fue el comienzo de varias charlas sobre nuestra historia y donde como un socio más expresaba el dolor que significaba haber perdido el Gasómetro con el sueño siempre a cuestas de volver a ese lugar sagrado de mi infancia y adolescencia”, cuenta Adolfo con unas ganas que entusiasma a cualquiera. Él sabe, convencido, que San Lorenzo volverá.


Y la “vuelta” comenzó ese mismo día de 1998, despacito, pasito a paso, miles y miles de hinchas se sumaron a la cruzada y hoy el deseo santo es cada vez más posible. “Falta todavía, pero la pelearemos hasta ver el sueño concretado”, se ilusiona Daniel Peso, otro de los cuervos que encabeza el proyecto “retorno”. Y esas ilusiones comenzaron a hacerse cargo en 2003. “Con la llegada de Néstor Kirchner al gobierno y sus política de Derechos Humanos se nos facilitaron más las cosas. Entonces decidimos acercarnos a legisladores (provinciales y nacionales) y fuimos siempre escuchados”, cuenta Res, como uno de los tantos logros de la agrupación. Y uno de ellos fue el apoyo por parte del juez de la Corte Suprema, Eugenio Zaffaroni. Pero sin dudas la frutilla del postre de este Proceso de Restitución Histórica (el cual está en la Legislatura porteña) se dará este 25 de agosto cuando “la vuelta de San Lorenzo a Boedo” sea tratada en la ESMA dentro del ciclo Terrorismo de Estado y Delito Económico

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El pueblo santo se ilusiona. Siente el regreso a Tierra Santa, cada vez más cerca. Sabe que la democracia y la historia están de su lado. 

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